Las nanoburbujas tienen más superficie de contacto en menos volumen. Esta característica multiplica la capacidad de transferir oxígeno al agua, alcanzando niveles de saturación más rápido y con menos desperdicio que los sistemas de aireación tradicionales.
El resultado: una oxigenación estable, controlable y con una eficiencia que supera el 85% de transferencia, lo que se traduce en menor gasto energético y condiciones predecibles en la columna de agua.
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